lunes, 12 de marzo de 2012

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Hoy estoy triste, como si alguien se me muriera dentro, porque sé que no debo escribir más, que no debo hacer ningún tipo de simulacro, que está mal, que no lo mereces, que te quiero demasiado, que estás tan lejos, que ya no moriremos juntos, como en aquel poema, que debo decirte adiós como en la cinta de Krapp.
Esto que podemos ver y tocar es todo. Está claro que hemos perdido.
Hoy lunes, y como dice Sabines, te digo adiós yendo a tu lado.


miércoles, 29 de febrero de 2012

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No hay pliegues secretos, ni grietas, ni fórmulas mágicas. Este recuerdo es un llano en el que no se esconde nada, nadie. Nunca estuve en otro lugar, tampoco tú. Nunca estaremos más en otro lugar y ese será el problema.
Dice Calderón que la vida es sueño, y el tiempo también, no transcurre, no pasa, ni rueda, ni nos pierde. No nos simulemos extraviados, si somos sueños, entonces soñemos. Si algo se ha perdido, ha sido nuestra capacidad para volar.
S.

martes, 14 de febrero de 2012

El día

Mensajes anónimos, cartas a quien corresponda, paredes para hablar, muros, concreto puro.

El problema no es estar solo, cada uno en sí mismo, fuera de alguien más, sino querer traspasar el muro, tener un destinatario, hablar, sobrepasar al otro, tirar el concreto.

Sofía Cortés

domingo, 29 de enero de 2012

Voces

Iría al paraíso, pero con mi infierno; solo, no.

Antonio Porchia

viernes, 27 de enero de 2012

Voces

Las distancias no hicieron nada, todo está aquí.

Antonio Porchia

miércoles, 25 de enero de 2012

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Me habitué a vivir en dos. Cambie los códigos de mi comunicación más íntima y los hice casi invisibles desde afuera. Destruí todos aquellos lugares comunes a los que acudimos para no sentirnos solos cuando estamos con los que no tenemos nada que compartir. Me fui aislando dulcemente en aquel espacio tibio de aroma suave que era el estar juntos, compartir la misma ventana hacia la vida, espiarte aquel cuadro de imágenes y músicas que pintabas viendo al vacío cuando te sentías sola. Ahora todo recuerdo, pasado o futuro, se cifra en una lengua que yo, solo, no completo, no es divertido hablar si nadie ríe como tú lo hacías. No sé…me pierdo de pronto, en medio de todos, volteo la mirada hacia un espacio vacío donde escapar y escucho un eco, la melodía de un instante que viví contigo. Ignoro otra forma de sentir que tenga que ver con los demás; balbuceo sin sentido si digo lo que siento, horroroso silencio de no tener nada que compartir a los demás, que son el mundo. Vivo en un recuerdo circular- una serie de recuerdos construidos contigo que lo contienen todo- donde de algún modo ya todo lo hablé, ya todo lo escuché. En ese recuerdo conjuré cada una de las partículas de los tiempos vividos y por vivir. Es vergonzoso estar aquí, sintiendo de una forma en la que nadie entiende, a la que nadie de los de aquí pertenece.

Penetran en mí agujas de una vida a la que según recuerdo, solía sentir. Hoy entra mucha luz por la ventana, observo a través de ella, una hoja amarilla que se viste de muerte, no lo sé pero tal vez una hoja que muere pierde el peso del pasado; el dulce oficio de rescatar hojas que morían, aliviarlas de todo ayer para así burlar al tiempo y no sin nostalgia poder conjurar en ellas lo que fuimos y sentimos en ese momento -guardaremos este día entre las horas para siempre- conjurarlo ahí donde ya nadie puede robar la vida, protegerlo del enemigo: nosotros y el olvido.

Me siguen acompañando hasta hoy, son más de veinte; las veo juntas y trato de precisar el lugar y la fecha de cada una, pero yo no soy así, no suelo recordar de esta manera. Para mí todas ellas son una misma sensación, la reiteración de un gesto hermoso que comunica lo que no se puede decir, la misma materia con la que una mirada dice adiós y un silencio dice: te extraño.

Edgar Robles

jueves, 29 de diciembre de 2011

Hoy, 29...

EL OTOÑO RECORRE LAS ISLAS

A veces tu ausencia forma parte de mi mirada,
mis manos contienen la lejanía de las tuyas
y el otoño es la única postura que mi frente puede tomar para pensar en ti.
A veces te descubro en el rostro que no tuviste y en la aparición que
no merecías,
a veces es una calle al anochecer donde no habremos ya de volver a citarnos,
mientras el tiempo transcurre entre un movimiento de mi corazón y un
movimiento de la noche.

A veces tu ausencia aparece lentamente en mi sonrisa igual que una mancha
de aceite en el agua,
y es la hora de encender ciertas luces
y caminar por la casa
evitando el estallido de ciertos rincones.

En tus ojos hay barcas amarradas, pero yo ya no habré de soltarlas,
en tu pecho hubo tardes que al final del verano
todavía miré encenderse.

Y éstas son aún mis reuniones contigo,
el deshielo que en la noche
deshace tu máscara y la pierde.
José Carlos Becerra