miércoles, 15 de agosto de 2012

Alargando mis sueños...

La vida nos acorta la vista 
y nos alarga la mirada. 

¿Cómo poner otra figura en el paisaje
sin desarticularlo como una feria invadida por la tristeza, 
sin que las nubes o los árboles se despeguen
y salten como muñecos desarmados? 

¿Cómo poner una palabra en el paisaje
sin que el silencio se asuste
igual que un animal sorprendido en el bosque
o como una procesión que ha perdido su imagen? 

¿Cómo poner una muerte en el paisaje
sin que se vuelva frío
y se sumerja como una flauta
con todos los agujeros tapados? 

¿Cómo alargar un sueño
hasta que sea un punto en el paisaje, 
una figura, una palabra o la muerte, 
sin que el paisaje se desintegre como una burbuja? 

Nosotros ya no podemos dejar de estar en el paisaje siguiente, 
aunque sea un paisaje en blanco. 
Nosotros ya no podemos dejar de estar en la página siguiente, 
aunque la hayan arrancado.

Poesía vertical VI. Poema 15. Roberto Juarroz 





martes, 17 de julio de 2012

La mente: un torrente de caminos alargándose hasta convertirse en suspiros.

Alejando Jodorowsky




martes, 19 de junio de 2012

Paisaje VIII

Los recuerdos comienzan por la noche,
con el soplo del viento, a levantar su rostro
y a escuchar la voz del río. El agua
en la oscuridad es la misma de los años muertos.

En el silencio de la oscuridad sube un chapoteo,
en el que ocurren voces y risas remotas;
se une al rumor un color vano,
que es de sol, de riberas y de miradas claras.
Un verano de voces. Cada rostro contiene,
como un fruto maduro, un sabor que se ha ido.

Cada mirada que vuelve conserva un gusto
de hierba y cosas impregnadas de sol al atardecer
sobre la playa. Conserva un aliento de mar.
Como un mar nocturno es esta sombra vaga,
de ansias y escalofríos antiguos, que el cielo roza
y cada noche regresa. Las voces muertas
parecen la rompiente de aquel mar.


Cesare Pavese


jueves, 7 de junio de 2012

lunes, 28 de mayo de 2012

lunes, 16 de abril de 2012

Hablen, tienen tres minutos...

Hablen, tiene tres minutos

De vuelta del paseo
donde junté una florecita para tenerte
entre mis dedos un momento,
y bebí una botellas de Beaujolais,
para bajar al pozo donde bailaba un oso luna,
en la penumbra dorada de la lámpara
cuelgo mi piel y sé que estaré solo en la ciudad
más poblada del mundo.

Excusarás este balance histérico,
entre fuga a la rata y queja de morfina,
teniendo en cuenta que hace frío,
llueve sobre mi taza de café,
y en cada medialuna
la humedad alisa sus patitas de esponja.

Máxime sabiendo que pienso en ti obstinadamente,
como una ciega máquina, como la cifra que repite
interminablemente el gongo de la fiebre
el loco que cobija su paloma en la mano,
acariciándola hora a hora
hasta mezclar los dedos y las plumas
en una sola miga de ternura.

Creo que sospecharás esto que ocurre,
como yo te presiento a la distancia en tu ciudad,
volviendo del paseo donde quizá juntases
la misma florecita, un poco por botánica,
un poco porque aquí,
porque es preciso
que no estemos tan solos,
que nos demos un pétalo,
aunque sea un pasito, una pelusa.

Julio Cortázar

lunes, 12 de marzo de 2012

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Hoy estoy triste, como si alguien se me muriera dentro, porque sé que no debo escribir más, que no debo hacer ningún tipo de simulacro, que está mal, que no lo mereces, que te quiero demasiado, que estás tan lejos, que ya no moriremos juntos, como en aquel poema, que debo decirte adiós como en la cinta de Krapp.
Esto que podemos ver y tocar es todo. Está claro que hemos perdido.
Hoy lunes, y como dice Sabines, te digo adiós yendo a tu lado.